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2019 setenta años de la mafia cultural


Publicacion:07-12-2019

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El poder tiene numerosos, predeciblemente leales, seguidores. No sólo político, sino en todos los órdenes de la vida.

 

El domingo 6 de febrero de 1949 surge un suplemento cultural en el ya desaparecido diario Novedades que encumbraría, en una estrategia calculada y fortalecida conforme pasaban los años, a determinados personajes del intelecto artístico por una decisión muy suya manteniéndose en el poder cultural pese a que el implacable tiempo ha ido mermando al cerrado grupo con sus muertes naturales. Pero la costumbre del poder es una y la misma, no importa si ésta se establece en los rigores del pensamiento reflexivo.

 

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El poder tiene numerosos, predeciblemente leales, seguidores. No sólo político, sino en todos los órdenes de la vida.

      No se diga el cultural.

      Cuando Fernando Benítez se introdujo en los medios de comunicación, inaugurando en 1949 el suplemento “México en la Cultura” en el periódico Novedades no sólo creaba un centro de congregación intelectual sino, sobre todo, un poderoso núcleo cultural de amistades que, en las acertadas palabras de Luis Guillermo Piazza, en poco tiempo se afianzaría en una mafia que, como todas las mafias, sería muy pronto un coto de privilegios donde la inclusión sería permanentemente vigilada y rigurosamente calificada.

      Como tal, pese a la intervención de personajes considerados de ilustre progresismo, el grupo no advertiría en sus estatutos, si bien nunca escritos, el modelo de la democracia sino todo lo contrario, aunque suene paradójico, porque de paradojas siempre se ha visto expuesto el quehacer cultural del país.

      Conservadora a su pesar, la mayoría de los que conformaron esa famosa mafia (porque no todas las mafias se hacen de fama y prestigio) de la cultura vivió determinando y juzgando las actitudes y los trabajos de los creadores que giraban en su entorno, pues su ventaja era que tenían una tribuna donde verter o airear sus facultades, sus decisiones, pareceres y reprobaciones, opiniones y veleidades, simpatías y antipatías, sus alabanzas y sus detracciones, sus violencias y sus amabilidades, sus lucideces pero también sus arbitrios, y aprovechándose de  este espacio fue categorizando y evaluando la actividad cultural mexicana en un momento en que no existía tal rango clasificatorio, porque México apenas entraba a una etapa de composición social tras sólo dos periodos sexenales (Lázaro Cárdenas, 1934-1940, y Manuel Ávila Camacho, 1940-1946) luego de los complejos, convulsos y aparatosos acomodamientos políticos que dejara la Revolución unas cuantas décadas atrás.

 

 

 

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Fernando Benítez ?que viviera 88 años, de 1912 a 2000? era ya un periodista consagrado en los años cuarenta dirigiendo incluso El Nacional, el periódico del gobierno, acatando los nombramientos a modo cuando el funcionariato acomodaba sus piezas, con cauto descaro, en los distintos medios de comunicación (¡para seleccionar al conductor nocturno de noticias Televisa tenía que contar con la aprobación del presidente de la República, por ejemplo!), afirmándose éstos ?los medios de comunicación? en su preclara sobrevivencia.

      Cuando a Fernando Benítez lo despiden de la dirección de El Nacional, luego de la inesperada muerte del entonces secretario de Gobernación, amigo de Benítez, el periodista decide ahora apostar por la cultura mirándola abatida, desolada, sin liderazgo alguno. Según Víctor Manuel Camposeco, autor de la historia de los primeros pasos en la cultura de Benítez ?en uno de los libros de la colección “Periodismo Cultural” que la Secretaría de Cultura eliminó de sus obligaciones (para pasarle la responsabilidad al Fondo de Cultura Económica)?, muy probablemente Fernando Benítez se gastó en un bar los 500 pesos que le abonara el periódico como último pago por su dirección editorial. Lo que no dice Camposeco es que 500 pesos para 1948 era, en efecto, muchísimo dinero, cantidades excesivas que los políticos, por costumbre, compartían a los periodistas favorecidos.

      De ahí que se entienda el sencillo traspaso de Benítez al Novedades con la intención de crear en ese periódico un suplemento cultural. Después de todo, Fernando Benítez era, y lo fue siempre, amigo de todos los presidentes de México. ¿A quién no conviene un personaje de ese talante en una empresa periodística?

      Fernando Benítez se inicia en la cultura durante la administración de Miguel Alemán Valdés (1946-1952) empezando, a la vez, a distribuir los dones creativos de acuerdo a sus particulares perspectivas ajustadas, sobre todo, a sus cercanías o distanciamientos entre sí: la inteligencia también puede ser estratégicamente sectorizada, elitista o autoritaria y causar canales exclusivos de propia beneficencia. Porque la inteligencia es una cosa y la ambición otra cosa. Porque el buen hombre no necesariamente es un artista y el artista no siempre es un buen hombre.



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