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Sin un sentido de humanidad, el arte es un artilugio: Lutz Förster


Publicacion:22-11-2019

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Con un reconocimiento a la trayectoria teatral de Abraham Oceransky, se llevó a cabo el primer Festival de la Escena Contemporánea en Xalapa

 

 

[Donde Notimex entrevistó al bailarín más aventajado de Pina Bausch…]

 

 

 

Con buen paso. Así comenzó el Festival Veracruz de Escena Contemporánea, realizado en Xalapa hace dos semanas, presentando el retrato escénico de Lutz Förster, uno de los bailarines emblemáticos del Tanztheater Wuppertal de Pina Bausch, en el que colaboró por 34 años.

      Con el Teatro del Estado colmado por una audiencia en la que resaltaban los jóvenes, Förster hizo un emotivo repaso de su vida artística con tal sencillez y honestidad que sólo requirió de una silla para tener a los espectadores bebiendo de sus recuerdos.

      A los 66 años de edad, el bailarín alemán ya perdió la figura y la agilidad de sus años de gloria, pero acrecentó la esencia de su arte de tal modo que el enorme escenario nunca estuvo vacío porque él lo llenó con la maestría de quien ha hecho su dominio en el tiempo y el espacio de la ficción. La nitidez, el humor y la sinceridad convierten la extraordinaria trayectoria de Förster en un relato sin pretensiones en el que las grandes figuras de la danza del siglo XX con las que él se formó y colaboró aparecen en su dimensión humana.

 

 

 

Las enseñanzas de Pina

 

Aunque en la conversación que nos concedió en su camerino después de la función, Föster comentó que actualmente ya nadie sabe quiénes fueron José Limón, Anna Sokolow, Meredith Monk, Bob Wilson, Pina Bausch:

      ?En Bogotá un joven se me acercó para decirme que ignoraba quiénes eran los personajes que yo evocaba en mi programa, pero que igual le había tocado el corazón.

      Lo mismo logró con los jóvenes que lo rodearon en la húmeda calle xalapeña conmovidos por la virtud de un artista que llegó tarde a la danza, que encontró la oposición de su padre y tuvo la fortuna de ser escogido por Pina Bausch, cuando estudiaba en 1975 en la Folkwang de Essen, para su  Sacre du Printemps. Fue en 1978 cuando pasó a formar parte de Tanzteater del que fue director artístico de 2013 a 2016.

      ?Dígame, Förster, cuál fue la enseñanza clave que le dejó su larga relación de trabajo con Pina Bausch.

       ?La más importante: el sentido de humanidad que debe tener el arte porque sin él sólo es un artilugio, una artimaña, un engaño. La segunda: que la técnica sólo es un medio para lograr algo más allá de la destreza, del virtuosismo. Pina nos recordaba un adagio de María Callas: no tienes que hacer todo lo que sabes, sino hacer bien todo lo que haces.

 

 

 

Caminar en el escenario

 

?Tuve el privilegio de entrevistar a Pina Bausch en su teatro de Wuppertal y me quedó la impresión de una mujer suave, silenciosa, pero con furia interior.

      ?Sí, era muy suave. Pero no tenía furia, sino dolor. Le dolía la maldad, el desinterés por los otros. Por eso su compañía estaba formada por gente de muchas culturas: españoles, filipinos, japoneses, turcos y algunos alemanes.

      ?Usted cuenta en su trabajo escénico que los hizo hacer una de sus obras en japonés para presentarse precisamente en ese país porque le interesaba sobremanera dejar en claro su intención.

      ?La danza es un arte abstracto y muchas veces encriptado, porque el lenguaje del cuerpo puede interpretarse de diversas maneras. Por eso Pina fusionó danza y teatro, porque la palabra también es parte del cuerpo humano. Sin la palabra yo no podría contar la historia de mi vida como bailarín.

      ?Cierto. Pero me encantó su forma de simplemente caminar el escenario, de cruzar de un extremo al otro del foro llevando consigo la atención del espectador. Eso sólo se logra con una gran concentración de energía.

      ?Bueno, es que caminar en escena no es lo mismo que hacerlo en la calle. Por un lado debe parecer natural y por el otro debe ser excepcional. Como usted dice, hay que cargar todo el peso de la escena en la columna vertebral, y no todos lo consiguen.

 

 

 

Nada que decir como coreógrafo

 

El bailarín y maestro alemán estuvo en Xalapa como profesor invitado de la Universidad Veracruzana entre 2008 y 2009, porque la enseñanza ha sido una de sus pasiones. La experiencia fue muy grata, según su comentario, por la vitalidad de los alumnos dentro y fuera del aula. De ahí que cuando le propusieron abrir este primer Festival de la Escena Contemporánea aceptó gustoso y dio todo de sí en el escenario, de manera que se le nota agotado.

      ?Una última pregunta: ¿por qué con tantos años en la danza y la formación de bailarines no ha hecho una coreografía?

      ?Porque no tengo nada que decir como coreógrafo.

      Sin embargo, su Portrait of a dancer es una coreografía ejemplar por su sobriedad minimalista, su controlada intensidad y sus confesiones personales, como la muerte del amor de su vida y su rompimiento temporal con Pina Bausch, contadas desde el corazón pero sin el menor sentimentalismo.

      En suma, un gran comienzo para un festival con el que el Instituto Veracruzano de Cultura aparece de nueva cuenta como un generador de la actividad artística de la entidad, papel que se eclipsó en los gobiernos de Duarte y de Yunes y que no despuntaba en el mandato de Cuitláhuac García.

      Al final de la función se reconoció la trayectoria del maestro Abraham Oceransky que luego del cierre de su teatro en Xalapa ya tiene un nuevo espacio para el teatro, como siempre, por sus pistolas La actividad de la escena contemporánea finalizó el pasado 14 de noviembre.



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